Siento, pienso.

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Que aquí me estoy debatiendo entre escribir lo que siento y lo que pienso.

Entonces me decido y escribo de los dos.

Siento miedo ante lo que nos espera. Ante la irresponsabilidad de la gente que veo afuera. A la madre con sus hijos jugando en media calle. Al vendedor de lotería que pasa por mi barrio y muchos barrios más, al cual la gente sale de sus casas a comprarle. A los 4 carros de chatarra que pasaron ayer, 4 carros, sí 4. A las vecinas que andaban en el super como si estuvieran de vacaciones. A los miles en los supermercados haciendo tumultos de gente. Tengo miedo.

Tengo miedo de no poder enfrentar el pago a nuestros empleados, a los prestamos, pago de tarjetas, luz, agua, teléfono, impuestos municipales, mi casa.

Tengo miedo de que mi esposo se enferme de preocupación más que por el virus.

Hoy yo,  ya tengo gastritis. Estoy en calma, pero mi cuerpo libera el miedo y la ansiedad de alguna manera.

Trato de distraerme, de relajarme, pero ahí adentro sigue ese susto, ese miedo al que pasará.

Yo sé que debo tener fe, esperanza y que Dios me guarda; pero explíquele eso a mi estómago, a mi cerebro que sigue pensando.

Lo que pienso es cosa aparte.

Pienso que toda esa gente andando  por aquí y por allá de una forma tan  irresponsable. Me refiero a aquellos que pudiendo quedarse en casa, deciden no hacerlo. Aquellos que pudiendo trabajar desde sus casas no lo hacen, porque no quieren.

Pienso en la impotencia de las autoridades ante todas esas personas que van a parques, lugares turísticos, centros comerciales y tiendas, como si estuviéramos de vacaciones.

¿Qué  tiene que suceder para que reaccionemos? ¿Quién debe morir de nuestro circulo cercano para que obedezcamos?

Montones de egoístas que no piensan más que en sí mismos. En sus placeres, su comodidad.

Y entonces no me queda duda, somos seres racionales comportándonos como irracionales.

Me queda mi confianza en Dios, esperando lo mejor para mi país y para el mundo entero.

Un abrazo para todos.

 

 

Un unicornio

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Hoy me sorprendí.

Me sorprendió una película que vi.

Confieso que la mayoría de veces en las que me siento a observar una película o serie, es solamente para distraerme o reírme un rato.

No espero mucho hoy en día de los programas y películas.

Pero buscando algo para distraerme de mis tormentas mentales y emocionales, encontré un tesoro.

 

“La Librería” (título original en inglés, The Bookshop). Es una adaptación de la novela “La librería” de la novelista inglesa Penelope Fitzgerald.

Ganadora del múltiples premios, entre ellos:

  • Premio Goya como Mejor Película y como Mejor Dirección, Mejor Guión Adaptado 2018.
  • Ganadora al premio Gaudí como Mejor Música y Mejor Dirección Artística 2018.
  • Ganadora al premio Forqué como Mejor Largometraje 2018.
  • Otros premios y nominaciones.

 

La película ha sido para mí toda una revelación y una gran inspiración.

No sé ustedes, pero varias veces he querido rendirme ante la acelerada barbarie que en estos últimos tiempos maneja esta sociedad.

Me he visto seducida por el “que me importan los demás”, o por “mientras no afecte a nadie, que importa lo que yo haga”. O el “viva y deje vivir”.

Me ha tentado ignorar lo correcto. Es más, en este momento en que escribo ésta frase, dudo de mí misma y me pregunto, ¿qué será lo que debo escribir? Sería lo indicado: ignorar lo correcto o ignorar lo que yo creo correcto.

Perdón por caer en el debate, sigo escribiendo…

Me he visto tentada a  ignorar lo que es correcto, como, que importa pasarme una señal de alto, o un semáforo en rojo, o manejar en contra vía, o colarme en una fila, estacionar en un lugar para personas discapacitadas. Dejar de ser generosa y amable, porque de por sí, ya casi nadie es así en este país.

Dejar de ser y hacer lo que dentro de sus creencias, ya sean científicas, religiosas o morales le indican. Dejar de buscar un bien común y amar a las personas por lo que son, personas.

Pero hoy “La Librería me recordó que no debo renunciar, no debo rendirme.

No debo dejar de ser yo, porque todos los demás lo digan. No dejaré de hacer lo que fervientemente creo está bien, solo porque alguien más me dice que no debo o que estoy equivocada.

No tengo que dejar de perseguir sueños, vivir mi vida, amar la vida, amar a los demás, aunque el resultado no sea el esperado, aunque los demás no quieran hacerlo, aunque los demás se opongan a que lo haga, aunque salga herida. 

La vida continúa, haciendo lo que tengo que hacer o dejándolo de hacer.

Así que no voy a dejar de hacer lo bueno, si con eso logro impactar la vida de una persona; una, aunque sea una.

Quiero ser un unicornio en un mundo lleno de caballos.

DiniaPa.

Poema en verde

Verde pájaro

Segundo intento en esta entrada.

La primera se borró. En definitiva un misterio para resolver por algún detective.

De esas cosas en que la tecnología y el universo conspiran contra ti.

Había escrito todo el preámbulo del por qué de este poema pero la tecnología ya no lo quiso así, de todos modos aquí se los comparto.

Poema en verde.

Escucho el verde en la música de tus hojas alocadas.

Escucho el verde en tus ramas de una paloma que canta.

Escucho el verde en la noche al compás de un grillo y su tonada.

Huelo el verde en tu perfume que trae a mí tu hojarasca.

Huelo el verde por la tarde bajo una lluvia que empapa.

Huelo verde al dar mis pasos y pisar tu hierba blanda.

Siento verde al tocar la espina que me regalas.

Siento verde al despertar entre una gran arbolada.

Pruebo verde cuando  tomo el néctar de tus savia.

Pruebo verde al comer los manjares que me regalas.

Veo verde y pienso en vida, vida que nace y levanta.

Veo verde y veo abrigo que tus copas me regalan.

Veo verde y se me alegra mi alma de gris pintada.

Veo verde y vuelvo a ser la niña que correteaba

tras de todo lo que tú con cariño me mostrabas.

Verde cielo

DiniaPa

Vivas nos queremos.

Costa Rica.

Qué pasó con mi país? No lo reconozco.

Dónde estamos los “pura vida”, los que amamos la paz?

Duele, duele tanta violencia. Duele salir a la calle y no sentirse segura.

Duele no poder caminar por nuestras playas sin sentirse amenazada.

Duele vivir en casas llenas de barrotes para poder dormir tranquila.

Duele no sentirse segura en ningún lado.

Dónde nos perdimos?

Será que despertamos y decidimos como sociedad poner fin a tanta delincuencia?

Será que sí somos más los que queremos una Costa Rica de paz?

Dónde están? No nos escuchamos.

Lloro, lloro por esas dos mujeres, pero también lloro por todas aquellos que han muerto y no han encontrado justicia en mi país. Lloro porque cada vez nos respetamos menos como humanos.

Somos más humanistas, pero menos humanos.

Lloro por los padres, madres, hijos, hijas, tíos, tías, nietos, nietas, sobrinos y sobrinas que quedan atrás sufriendo la pérdida de un ser querido.

Lloro porque me siento impotente y creo que lo que hago no es suficiente.

Seguras y vivas nos queremos.

Quiero que vivamos seguros.

Que cuando alguien llegue a nuestro negocio no dude de esa persona. No estar siempre a la defensiva.

Quiero caminar y poder saludar a la gente y que no me vuelvan a ver con cara de susto.

Quiero ir al súper de la esquina y no tener que comprar a través de rejas.

Será que podemos vivir así?

En resumen: vivas nos queremos!

DiniaPa

Herida, por una cebolla.

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Hoy por la mañana tenía planeado un delicioso omelette para el desayuno. Batí los huevos y puse el café a chorrear. Dispuesta a hacer el relleno, comienzo a cortar la cebolla, cuando de pronto, la piel resbalosa de la cebolla hace saltar de forma extraña el cuchillo y este me produce una cortada, pequeña pero en rebanada, alrededor de la uña.

Inmediatamente comienza a correr un chorro de sangre trato de detenerlo con mi otra mano, pongo el dedo bajo el chorro de agua para ver la herida, veo que no es mucho, pero me duele bastante y el sangrado no se detiene. Con una servilleta tapo el dedo y subo la mano arriba de mi cabeza. Apago la cocina en medio de toda esta acción.

Mi dedo se siente como si fuera inmenso y como si palpitara por el dolor. Pasan 5 minutos y todavía sangra, menos pero sangra.

No he desayunado, y huele a café.

Entonces me enojo. Me enojo con la cebolla; infeliz cebolla, por su culpa me corté y me duele mucho.

Busco culpar a alguien o algo por ese dolor y por no poder desayunar todavía.

Pero quiero mi omelette y entonces busco una bandita para proteger la cortada y así poder seguir cocinando.

Todo lo hago con sumo cuidado tratando de no pegar el dedo en nada. Pero todos sabemos que eso es imposible. Tarda uno en lastimarse alguna parte del cuerpo como esta pegar en todo lado. Y no es que comience a pegar en todo, es que diariamente eso es lo que hace, pero ahora lo sentimos más debido a la herida.

Precisamente ahora en este momento escribir es un poco doloroso por esa pequeña herida.

Si ustedes se preguntan el por qué de esta historia, es porque esto me hizo meditar en las heridas a nivel no físico sino emocionales.

Las heridas emocionales son casi igual a lo contado arriba.

Alguien o algo nos causa una herida. Lo primero que sentimos es un dolor, ya sea leve, moderado o muy grande. Gritamos, lloramos, nos asustamos, son algunas de nuestras reacciones ante el dolor.

Luego tratamos de tapar la herida, de que no siga sangrando. Que no manche todo, que no ensucie todo. Si no podemos hacerlo, buscamos algo para tratar de detener ese dolor, ese sangrado.

Y ya cuando lo tenemos más o menos controlado, entonces viene nuestro enojo. Nos enojamos con quien nos hizo daño. Con quien nos lastimó, nos hirió. Buscamos al culpable de nuestro dolor.

En mi caso, una cebolla jamás me pediría perdón. Así puede suceder con las personas que nos hieren. No todos son capaces de pedir perdón o reconocer que algo que hicieron nos pudo herir. O muchas veces ni cuentan se dan de que sus acciones nos hirieron.

¿Entonces? ¿Qué podemos hacer? ¿Cómo sentirnos mejor?

La herida ya está hecha, ya no podemos devolver el tiempo. Ahí está. Necesitamos aliviar ese dolor. No debemos ignorar que algo o alguien nos causó una herida. Tratar de ignorarla no hará que desaparezca. La rutina diaria hará que pegues la herida en todo lado.

Para mí, la clave está en el perdón. Perdona a quien o que te causó esa herida. El perdón es liberador. Decide perdonar, no como un sentimiento, sino como una decisión. Esto permitirá que avances.

La vida sigue. Así como yo quería cocinar mi desayuno; la vida continua con todo y  herida.

En mi caso, bastó con una curita o bandita, para que ya no fuera tanto el dolor y me permitiera seguir con mis quehaceres diarios. Pero si la herida hubiera sido más grande, profunda y yo no la hubiera podido controlar, seguramente habría tenido que ir al doctor.

Si no podemos manejar una herida, busquemos a quien nos ayude a sanarla.

En lo personal mi relación con Jesús me ayuda muchísimo, sus enseñanzas me hablan de el perdón. Esto no quiere decir que por perdonar inmediatamente la herida no duele, no. Necesitamos tiempo para una recuperación exitosa, para que vaya cerrando y poco a poco el pegar en todo deje de doler.

Pero también encontramos personas que nos pueden ayudar a sanar. Personas profesionales que conocen métodos o formas para que las heridas sanen más rápido y de buena forma.

La vida es hermosa, con sus altos y sus bajos. No permitamos que las heridas dicten nuestra forma de vivir. Es muy cansado tratar de no pegar las heridas en todos lados.

Todo por una cebolla.

Con cariño DiniaPa.

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Un día de una hipotiroidea

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Hoy no voy a hablar de lo que dicen los doctores ni de mi diagnostico, hoy les quiero contar como se siente caminar en los zapatos de una persona con hipotiroidismo.

En este caso, yo.

Bueno, imagino que al levantarse, ustedes se sienten con las baterías recargadas y llenos de energía.

Pues bien, cuando yo me levanto es como si literalmente hubiera pasado despertándome toda la noche y mis energías estuvieran al mínimo, esto aunque haya dormido toda la noche como un bebé.

Literalmente tengo que arrastrar mi cuerpo fuera de la cama, porque mi cuerpo quiere seguir durmiendo, aunque mi cerebro sabe que hay muchas cosas por hacer.

Luego viene el desayuno, que podría obviarlo, porque no me da hambre hasta casi las 12md; pero he aprendido bien que el desayuno es mega importante para el resto del día. Perdón antes de esto debo tomar mi dosis de levotiroxina, mi remplazo hormonal para la tiroides, esto para poder funcionar más o menos bien. La lenta digestión es una de los tantos síntomas del hipotiroidismo.

Después del desayuno viene mi coctel de pastillas que ayudan a regular un poco mi organismo. Porque obviamente como hipotiroidea tengo presión alta, retención de líquidos por lo que mis pies y manos se tienden a hinchar.

Ahora sí, arrancamos el día, revisando la agenda, porque la memoria tiende a fallar cuando se padece de la tiroides; buscar palabras que uno sabe, ir a la refri 2 y 3 veces porque no recuerda a que iba, apuntar todo para que nada se le olvide, decir las cosas al revés. A veces pienso que me estoy volviendo loca. Conste, no es que siempre haya sido muy normal 🙂

Y no puedo dejar de mencionar la dieta bajo la que se tiene que vivir, porque todo me engorda, y lo que una persona normal baja en 3 meses yo lo bajo en un año. Aunque obviamente no la cumplo tan estricta como debiera, pero es que se me hace tan aburrido no poder comerse algo rico de vez en cuando. Nota mental: Necesito más disciplina en esa área.

A menudo me duelen las muñecas, especialmente si he trabajado mucho en el Lettering o alguna manualidad, dicen que es el túnel carpiano que muchas veces se deteriora debido a la tiroides. Yo me hago como que no pasa nada. Supongo que tengo que ir a hacerme un examen para saber si está malo o no. Por las noches mi mano derecha se duerme, solamente la mano, y esto hace que me despierte.

Llegamos a la tarde y un café hace que las energías vuelvan un poco, por lo que el café se ha hecho indispensable en mi vida. Ay Dios, sí, me estoy poniendo vieja, jajaja.

Para la hora de hacer ejercicios, realmente yo quisiera ir a dormir, pero el ejercicio me sienta tan bien que aunque sea a rastras lo trato de hacer.

Por el momento no puedo hacer mucho, porque la presión está un poco loca, pero espero pronto poder volver a la antigua rutina. Aunque… la menopausia ya asoma a mi vida y está haciendo estragos.

Uñas débiles, piel seca de la cabeza para abajo, ataques de ansiedad, los cuales nunca había padecido hasta hace poco; lentitud para casi todo, insomnio algunas veces, desordenes menstruales, etc.

Podría decirse que todo en mi vida conlleva un esfuerzo extra, extra para concentrarme, extra para no engordar, extra para bajar de peso, extra para levantarme. Hasta talla extra grande soy.

Que si es bonito vivir con esto, no. Que si mi vida es bonita, sí.

Aprender a convivir con esto y tratar de llevar una vida lo más sana posible ayuda muchísimo; pero lo mejor de todo es la comprensión de quienes viven conmigo, que han aprendido a lidiar con mi lentitud y mis olvidos, a mi esposo que muchas veces se ha despertado sobresaltado porque me estoy asfixiando ya que la tiroides está inflamada por algún virus, y en medio de la noche corre a traerme un desinflamatorio o un vaso de agua. Gracias por su amor y soporte.

Hoy doy gracias a Dios porque toda esta experiencia me ha hecho un poco más comprensiva, más empática y humana.

Sin más, se despide una hipotiroidea en sus 40 y tantos.

DiniaPa.

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Hoy

Hoy estamos aquí, mañana no sabemos. Es lo que los acontecimientos de estos días me han dicho.

Por eso hoy, agradezco al sol que me  quema, a la lluvia que me moja. Me rio de la broma tonta de algún amigo. Tomo café con quien no veo hace mucho tiempo. Estreno eso que he estado guardando para una ocasión especial, hoy es ese día especial, estoy  viva.

Disfrutar de las cosas más absurdas debería ser práctica diaria.

Mientras estoy sentada escribiendo estas letras, escucho a mí hijo cantar desde nuestro segundo piso, es la música más estruendosa y des armoniosa que uno pueda escuchar, sus ronquidos. Pero al escuchar ese estruendo, doy gracias a Dios por ese sonido terrible, significa que está vivo, que solo duerme, que está en casa.

Como olvidamos agradecer, a Dios, a la vida, a la familia, a nuestros amigos. Vivimos corriendo en busca de la felicidad y casi siempre le pasamos de lado.

Le pasamos de lado porque corremos tras de un ideal de felicidad, tras un cuento de hadas, y las hadas no existen.

¿Qué es la felicidad? ¿Qué nos hace felices?

Para un enfermo, será ¿estar sano?; para quien acaba de perder a un ser amado será ¿tener un rato más con esa persona?

Estoy convencida que la felicidad no es un cúmulo de cosas, no.

Para mí es el cúmulo de momentos, en familia, de reuniones entre amigos, de te quieros a quienes amamos, de ayudar a otros sin esperar nada más que la satisfacción de ayudar, de un postre a las 9am y no después de comer, de despertar por la mañana para correr a sacar al perro para que orine, de enojarme porque mi perro no para de chuparme y después reír por lo mismo, de escuchar las llaves cuando abren el portón y saber que mi esposo llegó a casa, escuchar la puerta cerrarse porque mi hijo va al trabajo.

Y aquí podría seguir escribiendo, sabiendo que en cualquier momento algo de esto puede faltar.

Pero por el momento lo disfruto, disfruto y agradezco hasta las discusiones, los problemas y todo cuanto nos torne un poco gris nuestra vida, que sin esos tonos grises no valoraríamos los días soleados y brillantes.

En estos tiempos en que todo nos distrae y nada nos atrae, deberíamos buscar hablar más, hablar más cara a cara, mirar a los ojos a las personas, saludar de manos. Será qué ¿tanto humanismo nos ha deshumanizado?

Me hablo a mí misma cuando digo que, debemos pasar más tiempo en familia, dejar nuestros teléfonos de lado y ver todo el paisaje, no solamente la imagen a través de la lente.

Ahora estoy, puede que después no.

Gracias Dios por el regalo de mi vida.

Vivamos la vida!

DiniaPa.